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Los tres cerebros.

 

No quería que terminara febrero sin contaros como va discurriendo  este nuevo año donde el trabajo y las actividades fluyen de forma vertiginosa. En estos momentos me encuentro adentrándome en los profundos campos de la relación mente cuerpo y no voy a dejar pasar más tiempo sin compartirlo con vosotros.

Nuestra cultura tradicionalmente ha separado la mente del cuerpo, desde la antigüedad se ha intentado explicar cómo los estados mentales y las acciones físicas podían relacionarse. Con Descartes instalamos el “dualismo” mente-cuerpo, algo que se reforzó con la idea del cuerpo “pecaminoso” sostenido por el Catolicismo a lo largo de los tiempos. De esta manera funcionamos con una disociación entre lo que pensamos bloqueando lo que sentimos.

Hasta no hace mucho se pensaba que la conciencia se originaba únicamente en el cerebro, si bien recientes investigaciones científicas sugieren que la conciencia y el cuerpo actúan como una unidad y se habla del “cerebro intestino” y del “cerebro corazón”. La sabiduría popular acuñó metáforas tales como “se nos rompe el corazón” o “me sale de las tripas” y es ahora que las modernas investigaciones médicas, físicas y matemáticas nos están mostrando un campo emergente donde empezamos a considerar estos órganos vitales como algo más que una parte digestiva o de bombeo de nuestra sangre.

Investigaciones en el nuevo campo de la Neurocardiología muestran que el corazón es un órgano sensorial y un centro para recibir y procesar información. Existe un “sistema nervioso” dentro del corazón que lo habilita para aprender y recordar, así como para tomar decisiones funcionales de forma independiente a las de la corteza cerebral.

Del mismo modo se están encontrando evidencias científicas  de la interconexión entre el sistema digestivo y el cerebro, así como de la contribución microbiótica intestinal a la comunicación entre el intestino/cerebro y que son abordadas desde la Neurogastroenterología.  Autores como Emeran Mayer gastroenterólogo, investigador y profesor de la universidad de UCLA establecen conexiones entre la digestión y las emociones. “The Mind-Gut Connection. Emeran Mayer, MD”

Podemos llegar a la conclusión de que estamos ante 3 cerebros en los que ocurre actividad eléctrica neuronal: el cerebro tradicional alojado en nuestra cabeza, el sistema nervioso entérico o cerebro intestino,  estudiado por la Neurogatroenterología y otro sistema ubicado en el corazón de cuyo estudio se ocupa la Neurocardiología, que llamaríamos cerebro corazón.

¿Y qué ocurre con todo esto? La investigadora Annie Marquier nos explica como  nuestro corazón tiene un sistema nervioso propio y como éste puede tomar decisiones independientemente de nuestro cerebro. Existen conexiones que parten del corazón y van hacia el cerebro de la cabeza.

Hay una primera comunicación de impulsos nerviosos entre el corazón y el cerebro, una segunda conexión bioquímica mediante hormonas y neurotransmisores, una tercera biofísica mediante ondas de presión y una cuarta energética donde observamos que el campo electromagnético del corazón es el más potente de todos los órganos del cuerpo y vemos que cambia en función del estado emocional. Cuando tenemos miedo, frustración o estrés se vuelve caótico mientras que se ordena ante emociones positivas.

También se observa que el “cerebro corazón” activa en el “cerebro cabeza” centros de percepción completamente nuevos sin apoyarse en experiencias pasadas, su conocimiento es inmediato y tiene una percepción exacta de la realidad. Cuando utilizamos el “cerebro corazón” se crea un estado de coherencia biológico, todo se armoniza y funciona correctamente. Es una inteligencia superior que se activa a través de emociones positivas. Es un potencial que no está activado pero que empieza a estar disponible  para un gran número de personas.

Y ahora nos preguntamos cómo podemos activar ese circuito de coherencia y armonía tan beneficioso para la humanidad y la respuesta que ofrece la investigadora es que la activación se produce a través del cultivo de las cualidades del corazón: la apertura hacia el prójimo, el escuchar, la paciencia, la cooperación, la aceptación de las diferencias del otro, etc. Mediante la práctica de pensamientos y emociones positivas.

El otro factor básico será el apartarnos de los mecanismos primarios de separación: miedo, deseo y  poder sobre los otros. Esto supone una dificultad añadida ya que se encuentran  profundamente arraigados en el ser humano puesto que han supuesto un mecanismo básico de supervivencia.

Bueno, ¿y qué hacemos ahora nosotros con todo esto? Creo que vamos por el buen camino, que es el darnos cuenta. A partir de aquí podemos a comenzar a conectar con nosotros y con nuestro interior, verdadero origen de nuestras reacciones emocionales. Hemos de aprender a relacionarnos con el silencio, contactar con la naturaleza y preguntar a nuestro corazón cuando no sepamos qué hacer. Una forma realmente apasionante y a la vez sencilla de iniciarnos en este proceso puede es a través de Mindfulness o cualquier otra práctica de Meditación, Yoga, Tai-chi. En estos tiempos Occidente está mirando hacia Oriente y se está produciendo un fenómeno de transformación  que va llegando a nuestra cotidianidad de un modo imparable.

A través de  la formación que estoy realizando con la organización Quietud, observo en mí,  los beneficios de la meditación en la mañana y en otros momentos del día. Como mi mente y mi cuerpo se serenan y mi disposición frente al día mejora ostensiblemente. Con estas prácticas consigo además de un mayor bienestar psicológico, un incremento de mi capacidad de concentración, un mejor control de mis emociones, disminuir mi estrés. Es una sorprendente manera de incrementar mi paz interior y en consecuencia obtener más momentos de felicidad en mi vida.

Os invito a todos que conozcáis estas prácticas y que os adentréis en este apasionante mundo.

Elena Aparicio Hermosilla

Psicóloga Colegiada nº 4887

 

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