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El RECHAZO. Formas de sacarle partido.

La primavera pasada  me encontré, paseando con mi perro por un parque de Madrid, a una antigua compañera del colegio, Marisa, también iba acompañada de sus dos perros y para mí fue una gran sorpresa, hacía más de treinta años que habíamos dejado de vernos y nos reconocimos al momento. Estuvimos charlando sobre cómo nos había ido la vida desde que dejamos el colegio, habían ocurrido muchas cosas y nuestras vidas habían dado muchas vueltas desde entonces.

Este verano volvimos a encontrarnos y hablamos de las compañeras del colegio, no teníamos a penas relación con ninguna de ellas pero se nos ocurrió buscarlas por Facebook y organizar una comida o cena estas Navidades. Nos pusimos manos a la obra y hemos reunido a casi 20 personas de aquel centro, de aquella clase de los años 70.

Ha sido sorprendente para mí la gran acogida que ha tenido la iniciativa ya que la respuesta ha sido inmediata. Hemos organizado un chat por Whatsapp y estamos compartiendo recuerdos de entonces y nuestro estado actual de forma fluida.

Hace más de treinta años en aquel colegio de Madrid yo me sentía una niña apartada y rechazada y curiosamente esta mañana escuchando un programa de radio me ha surgido la idea de este post.

En aquellos años yo era alguien muy vulnerable a la opinión del otro, probablemente inducido por una baja autoestima y una gran necesidad de reconocimiento. Fueron años difíciles que me llevaron a convertirme en una buena profesional pero una persona incapaz de gestionar sus emociones de forma apropiada.

Con el paso del tiempo, después de licenciarme en psicología y realizar un Master en Psicología Humanistra Integrativa, tras una terapia personal profunda he conseguido salir de aquel estado de vulnerabilidad y en este momento acompaño a otras personas que quieren resolver sus conflictos interiores.

Esta reunión de ex – compañeras de la EGB me ha transportado por un momento a aquellos días y a reflexionar sobre el rechazo.

El rechazo es un sentimiento relacionado con la idea de abandono, rechazamos al diferente, al minusválido, por envidia, recelo, miedo … todos en algún momento hemos rechazado y nos hemos sentido rechazados.

También hemos hecho tonterías (bebida, drogas, asistir a diferentes reuniones…) para no sentirnos rechazados ya que para estar bien hemos de sentir que pertenecemos a algún grupo.

Un estudio de la Universidad de Michigan muestra el “dolor” del rechazo social y manifiestan que el dolor físico y los sentimientos intensos que causa el rechazo social “lastiman” de la misma forma.

Quisiera hacer una pequeña aportación para todas aquellas personas que en estos momentos puedan estar sufriendo al sentirse ignoradas o rechazadas.

  1. No es posible gustar a todo el mundo. Al igual que no todo el mundo tiene el mismo gusto por las cosas, no es posible gustarle a todos, una cosa es querer ser agradable con la gente pero es un error dejar de ser uno mismo para gustar a otro. Mejor no tratar de gustar a todos, nos supondrá un gran desgaste.
  2. Construir un muro de protección ante la opinión de los demás. No es lo mismo la opinión que los otros tienen de mí que lo que yo en realidad soy. Hemos de tener claro que no es lo mismo decir “esto me ha salido mal” que “todo lo hago mal”. Hemos de protegernos y no hacer atribuciones personales. Una cosa es lo que de forma puntual ha podido pasar y otra lo que yo pueda ser.
  3. Aprovechar que hemos sido rechazados como una oportunidad para aceptar el hecho como una pérdida, hacer el duelo y poder proseguir nuestro camino. El dolor por el rechazo ha de ser algo puntual y temporal para poder seguir adelante. Por ejemplo no es lo mismo decir “me ha dejado porque no soy guapa” que “me ha dejado porque no soy de su gusto”. Por un tiempo podemos sentir dolor, pasar un periodo de introspección  tras el que podremos salir fortalecidos.
  4. No convertirnos en Victimas de quienes nos han hecho daño. Lo mejor para nosotros será no dar el poder al otro de hacernos daño por su rechazo. El momento en el que me han dicho NO, ya es pasado, ahora tienes el derecho a pasar página y continuar tu camino sin estancarte, sin dejar que esa herida te impida seguir avanzando. Podemos ser Poderosos para nosotros mismos. Tengamos en cuenta que todo aquello que “rechazamos” en los otros es muy probable que sea algo que inconscientemente rechazamos en nosotros mismos y que se encuentra reprimido.

Hoy siento esa reunión de personas del pasado como una oportunidad para reconocerme en mi estado actual, de comprobar mi fortaleza y mi capacidad de continuar mi camino. Me produce alegría y felicidad el poder mirar de frente a todas esas personas que cuando era una niña no supe ni pude estar a su lado tratándolas como iguales a mí y demostrar que nunca es tarde para poner nuestra autoestima en un lugar alto y respetuoso.

Elena Aparicio Hermosilla

Psicóloga colegiada nº G-4887

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